¿Notas la piel tirante aunque utilices crema hidratante? ¿Está más apagada de lo habitual o han aparecido pequeñas líneas que antes apenas se veían? Es fácil pensar que tienes la piel seca, pero puede que lo que estés viendo sea una piel deshidratada.
Y hay una diferencia importante. La piel seca es un tipo de piel, mientras que la deshidratación es un estado que puede aparecer en prácticamente cualquier persona. Sí, también si tienes la piel grasa.
El frío, el sol, el aire acondicionado, determinados cosméticos o incluso una rutina demasiado agresiva pueden hacer que la piel pierda agua y deje de sentirse como siempre.
¿Qué es una piel deshidratada?
La piel deshidratada es aquella que presenta una falta de agua en las capas superficiales de la piel.
Puede aparecer durante determinadas épocas del año y también como consecuencia de algunos hábitos. No significa necesariamente que nuestra piel haya cambiado para siempre.
Cuando la barrera cutánea no consigue mantener correctamente la hidratación, aumenta la pérdida de agua y podemos empezar a notar tirantez, falta de luminosidad o una textura diferente.
Por eso, recuperar una piel deshidratada no consiste únicamente en aplicar más crema. También hay que entender por qué está perdiendo hidratación.
Piel seca o deshidratada: ¿cómo diferenciarlas?
La piel seca es un tipo de piel caracterizado, entre otras cosas, por una menor producción de lípidos.
La piel deshidratada, en cambio, necesita agua.
Esto significa que podemos tener una piel grasa y deshidratada al mismo tiempo. En estos casos puede haber brillos, exceso de sebo o incluso tendencia a las imperfecciones y, aun así, sentir tirantez o falta de confort.
También puede ocurrir que una piel seca esté deshidratada, por supuesto. Una cosa no excluye la otra.
Saber qué está ocurriendo es importante porque las necesidades de cada una son diferentes.
Síntomas de una piel deshidratada
No todas las personas lo notan de la misma manera, pero hay algunas señales bastante habituales.
La sensación de tirantez después de limpiar el rostro suele ser una de ellas. También podemos observar una piel más apagada, menos flexible o con una textura algo irregular.
Otro signo frecuente son las pequeñas líneas superficiales producidas por la falta de hidratación. Pueden resultar especialmente visibles alrededor de los ojos o en determinadas zonas del rostro y no necesariamente son arrugas provocadas por el envejecimiento.
Incluso el maquillaje puede darnos alguna pista. Si de repente se cuartea, se acumula en algunas zonas o no queda tan uniforme como antes, puede haber una falta de hidratación detrás.
Eso sí, ninguno de estos signos por separado permite saber exactamente qué necesita la piel. Si el problema persiste, una valoración ayuda a distinguir la deshidratación de otras alteraciones.
Por qué se deshidrata la piel?
Hay bastantes motivos y muchas veces se combinan varios.
La exposición solar es uno de ellos. Pasar muchas horas al sol sin proteger correctamente la piel puede alterar su equilibrio y favorecer la pérdida de agua. El viento, el frío, la calefacción y el aire acondicionado también pueden afectar.
Nuestra rutina facial tiene bastante que decir.
Limpiar la piel demasiadas veces, utilizar productos muy agresivos o exfoliar con demasiada frecuencia puede alterar su barrera protectora. Lo mismo ocurre cuando empezamos a combinar activos sin saber muy bien si nuestra piel los tolera.
Y hay momentos en los que simplemente cambiamos de hábitos: dormimos peor, estamos más estresados, viajamos, pasamos más horas en ambientes climatizados… No hace falta que exista una única causa evidente.
¿Una piel grasa también puede estar deshidratada?
Sí, y precisamente por eso es tan fácil confundirse.
Tener grasa hace referencia principalmente a la producción de sebo. Estar deshidratada hace referencia a la falta de agua. Son dos cuestiones diferentes y pueden darse simultáneamente.
De hecho, cuando una persona con piel grasa siente que produce demasiado sebo, puede caer en el error de utilizar limpiadores muy agresivos, exfoliar constantemente o evitar cualquier producto hidratante.
El resultado puede ser una piel cada vez más incómoda y con su barrera alterada.
Por eso, hidratar una piel grasa no significa necesariamente utilizar productos pesados. Se trata de encontrar una rutina que aporte lo que necesita sin generar más grasa o sensación de pesadez.
¿Cómo hidratar una piel deshidratada?
El primer impulso suele ser comprar una crema nueva, pero merece la pena revisar toda la rutina.
Una limpieza suave, una hidratación adaptada al tipo de piel y la protección solar diaria son una buena base. También conviene reducir temporalmente aquellos productos que estén provocando irritación o una exfoliación excesiva.
Más no siempre significa mejor. Una rutina con muchos activos puede funcionar perfectamente en algunas pieles y resultar excesiva en otras.
También es importante proteger el rostro frente al sol durante todo el año y adaptar los cuidados cuando cambian las condiciones ambientales. Lo que funciona en primavera puede quedarse corto después de varias semanas de playa, por ejemplo.
¿Beber más agua ayuda a hidratar la piel?
Mantener una hidratación adecuada es importante para nuestro organismo, pero beber varios litros extra de agua no va a solucionar por sí solo una piel deshidratada.
El estado de la piel depende también de su barrera y de su capacidad para evitar una pérdida excesiva de agua.
Por eso, cuando existe deshidratación, hay que mirar más allá de cuánta agua bebemos y revisar también los productos que utilizamos, nuestros hábitos y el propio estado de la piel.
¿Cuándo valorar un tratamiento para la piel deshidratada?
Hay situaciones puntuales que pueden mejorar simplemente modificando algunos hábitos. Por ejemplo, después del verano o durante épocas de mucho frío.
Pero cuando la falta de hidratación persiste o va acompañada de una pérdida evidente de luminosidad y calidad de la piel, puede tener sentido realizar una valoración profesional.
Un tratamiento para la piel deshidratada no debería elegirse únicamente porque sentimos tirantez. Primero hay que comprobar qué está provocándola y valorar si existen otras necesidades que conviene trabajar al mismo tiempo.
En ArtClínic se analiza el estado de la piel para decidir qué enfoque puede encajar mejor con cada paciente. En algunos casos la prioridad será recuperar hidratación; en otros también puede interesar mejorar luminosidad, textura o determinados signos asociados al envejecimiento.
Hidratación y calidad de la piel dentro de Belleza sin pausa
La hidratación tampoco es algo que debamos cuidar solamente cuando la piel empieza a molestarnos.
Dentro de Belleza sin pausa, ArtClínic plantea el cuidado de la piel de forma continuada, adaptándolo a sus cambios y necesidades.
La Colección Piedras Preciosas cuenta con diferentes protocolos dirigidos a la prevención, el rejuvenecimiento y la mejora de la calidad cutánea.
La elección no depende únicamente de la edad ni de un síntoma concreto, sino de lo que se observe durante la valoración.
Cuando existe una piel deshidratada, se puede plantear un protocolo orientado a recuperar hidratación y mejorar su aspecto. Si además existen manchas, pérdida de luminosidad, textura irregular u otras necesidades, el enfoque puede adaptarse.
¿Tu piel necesita hidratación o algo más?
Sentir la piel tirante durante unos días no significa necesariamente que exista un problema. Pero si esa sensación se mantiene, empiezas a verla más apagada o notas que tu rutina habitual ya no funciona igual, merece la pena averiguar por qué.
Porque hidratar la piel no consiste simplemente en utilizar una crema más intensa. Hay que saber qué está necesitando en ese momento.
En ArtClínic podemos realizar una valoración personalizada para conocer el estado de tu piel y recomendar el cuidado o protocolo de la Colección Piedras Preciosas que mejor se adapte a ella.